La gran carrera por la Casa de Nariño: El épico y sorpresivo vuelco de las elecciones de 2022

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Campañas frenéticas, debates encendidos, un candidato inesperado que pateó el tablero de la política tradicional mediante TikTok y un desenlace de infarto. Así fue el año electoral en el que Colombia decidió cambiar el rumbo de su historia.

Si hay un año que los amantes de la estrategia política y la adrenalina electoral jamás olvidarán, es el 2022. Colombia vivió las elecciones presidenciales más vibrantes, polarizadas y sorpresivas de su historia reciente. Fue una auténtica montaña rusa de emociones que redefinió el mapa del poder en el país.

¿Cómo se pasó de las maquinarias tradicionales al fenómeno de las redes sociales? Esta es la crónica de la contienda que paralizó a la nación.

Los protagonistas: El ramillete de candidatos

La baraja inicial tras las consultas interpartidistas decantó a los tres grandes bloques que prometían medirse en las urnas:

  • Gustavo Petro (Pacto Histórico): El líder de la izquierda que, tras dos intentos fallidos (2010 y 2018), consolidó una coalición masiva bajo la consigna del «cambio social», acompañado por la líder afrodescendiente Francia Márquez como fórmula vicepresidencial.
  • Federico «Fico» Gutiérrez (Equipo por Colombia): El exalcalde de Medellín que asumió la bandera de los partidos tradicionales y de la centroderecha, presentándose como el muro de contención frente al proyecto de izquierda.
  • Sergio Fajardo (Centro Esperanza): El académico y exgobernador que buscaba liderar una alternativa moderada frente a la fuerte polarización de los extremos.
  • Rodolfo Hernández (Liga de Gobernantes Anticorrupción): Un ingeniero multimillonario de 77 años, exalcalde de Bucaramanga, que arrancó la carrera como un actor secundario y terminó convirtiéndose en el gran «caballo negro» de la contienda con un discurso disruptivo enfocado netamente en atacar la corrupción.

Primera Vuelta: El huracán del «viejito de TikTok» que nadie vio venir

El 29 de mayo de 2022, las urnas se abrieron con la certeza generalizada en los medios de que la final sería entre Gustavo Petro y Fico Gutiérrez. Sin embargo, el país político quedó en absoluto shock cuando avanzaba el preconteo.

Mientras Petro cumplía los pronósticos alcanzando el primer lugar con el 40.3% de los apoyos (8.5 millones de votos), el segundo lugar no fue para la centroderecha tradicional. Rodolfo Hernández, propulsado por una agresiva estrategia digital en TikTok y conectando con el hartazgo ciudadano de los «politiqueros», devoró el electorado de Gutiérrez y se quedó con el 28.1% de la votación. Fico quedó relegado al tercer puesto, desatando un terremoto político inmediato.

Segunda Vuelta: Tres semanas de infarto y un país partido en dos

El escenario para el balotaje del 19 de junio se configuró de forma dramática. La derecha y el centro tradicional, huérfanos de candidato, declararon su adhesión inmediata a la campaña de Rodolfo Hernández en un intento por frenar el avance de Petro. Las encuestas marcaron un empate técnico absoluto.

La campaña de segunda vuelta se tornó sumamente atípica: Hernández decidió no asistir a debates presidenciales y concentró su estrategia en entrevistas controladas y videos cortos, mientras que Petro recorrió el país pueblo a pueblo buscando convencer a los indebidos de las zonas rurales y los jóvenes abstencionistas.

El desenlace: Una votación histórica

El día definitivo registró la abstención más baja en el país en los últimos 24 años (58.1% de participación). El veredicto de las urnas fue milimétrico pero contundente:

  • Gustavo Petro: 11.291.986 votos (50.44%)
  • Rodolfo Hernández: 10.604.337 votos (47.31%)

Con una diferencia de algo más de 687.000 votos, el Pacto Histórico alcanzó la Presidencia de la República. El triunfo se consolidó gracias al respaldo masivo de las periferias (las costas Pacífica y Caribe) y el fortín electoral de Bogotá, superando el dominio que Hernández mantuvo en el centro y oriente andino del país.

Las elecciones del 2022 demostraron que las dinámicas políticas tradicionales en Colombia habían cambiado para siempre: las maquinarias partidistas sufrieron una dura derrota frente al poder de la narrativa digital y el deseo profundo de transformación de la ciudadanía. Un año que quedó escrito en letras de oro en los analistas de la democracia latinoamericana.

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