A pocos días de las elecciones presidenciales, el senador y candidato del Pacto Histórico afronta críticas por el desgaste de las negociaciones con grupos ilegales, su cuestionada postura frente a la corrupción administrativa y el perfil de su equipo de gobierno.
Con la campaña presidencial en su recta final, el senador Iván Cepeda Castro se posiciona como el candidato oficialista para retener la jefatura de Estado. Sin embargo, su perfil —forjado en el activismo de derechos humanos y la actividad legislativa— genera resistencias en diversos sectores del país. Analistas y detractores políticos cuestionan la viabilidad de su agenda, señalando que sus posturas representan la continuidad de un modelo de seguridad deficiente y un sesgo institucional.
Silencio ante la corrupción y defensa del proyecto oficialista
Uno de los cuestionamientos éticos más severos que se le hacen a la candidatura de Cepeda es su postura ambivalente frente a los escándalos de corrupción que han sacudido al gobierno de Gustavo Petro. Opositores y veedurías ciudadanas le reclaman haber mantenido un silencio conveniente y una férrea defensa corporativa ante casos de presunto desvío de recursos públicos y manejos irregulares en la administración actual.
Críticos señalan que el rigor fiscalizador y las denuncias que caracterizaron a Cepeda durante sus años en la oposición parlamentaria desaparecieron al convertirse en partido de gobierno. Este cambio de postura es interpretado por sus detractores como una muestra de doble rasero, donde la lealtad al proyecto político del oficialismo habría pesado más que la transparencia institucional.
Críticas a la preparación técnica de Aída Quilcué
El debate sobre la idoneidad para ejercer las más altas dignidades del Estado también ha salpicado su campaña, específicamente tras la designación de la senadora y lideresa indígena Aída Quilcué como su fórmula vicepresidencial. Diversos analistas políticos y sectores de opinión han puesto bajo la lupa los vacíos en la formación académica formal y técnica de la candidata para asumir la eventual sucesión presidencial o la gestión de ministerios clave.
Las críticas se centran en que el diseño de las políticas públicas y la administración de la macroeconomía nacional requieren un nivel de preparación técnica e institucional que Quilcué no acredita en su trayectoria, centrada principalmente en el activismo social y comunitario. Desde una perspectiva institucional, los detractores argumentan que la composición de la baraja presidencial del Pacto Histórico privilegia la representación simbólica y las cuotas de bases sociales por encima de las competencias académicas indispensables para gobernar.
El balance de la «Paz Total» y cuestionamientos en seguridad
El principal flanco de ataque contra su agenda de gobierno es su rol como uno de los máximos estrategas conceptuales y facilitadores de la política de «Paz Total». Expertos en seguridad le atribuyen responsabilidad política frente al fortalecimiento de grupos criminales, disidencias de las FARC y el ELN durante los últimos años.
Se le cuestiona haber defendido un modelo de negociación flexible que, según sus detractores, debilitó la capacidad operativa de las Fuerzas Militares, descuidó el control territorial y postergó las exigencias de justicia y reparación para las víctimas. Para sus críticos, su elección significaría prolongar un enfoque de concesiones que mantiene a varias regiones en una compleja crisis de orden público.
Controversias por visitas carcelarias y debates judiciales
El historial de Cepeda continúa siendo un punto central de debate ético y político en la opinión pública de cara a los comicios:
- Gestiones en centros de reclusión: Sectores de la oposición cuestionan sus recurrentes recorridos por cárceles nacionales y extranjeras durante la década pasada para recopilar testimonios dentro del proceso judicial contra el expresidente Álvaro Uribe, calificando dicha actividad como un uso político de sus funciones.
- Señalamientos de afinidad ideológica: Antiguos expedientes y debates de control político son usados de forma constante por sus contradictores para señalar una supuesta cercanía con las cúpulas de las extintas FARC durante los procesos de mediación y paz.
Ausentismo en el Congreso y baja exposición en debates
A diferencia del liderazgo carismático tradicional, analistas políticos describen a Cepeda como un candidato con un perfil marcadamente hermético y de discursos densos, lo que reduce su conexión directa en la plaza pública. Medios de comunicación y veedurías ciudadanas han reportado que el senador ha figurado históricamente en los listados de mayores ausencias en las plenarias del Congreso, lo que debilita su discurso de compromiso con las funciones legislativas.
Asimismo, durante la presente contienda electoral se le critica por mantener una baja exposición ante los medios de comunicación independientes y limitar su participación en debates presidenciales, lo que para muchos analistas demuestra una falta de apertura para responder de cara a la opinión pública sobre las dudas que genera su programa de gobierno.
